ANA MELLADO / LONDRES

Día 17/06/2014 – 23.33h

Reino Unido lanza una campaña para concienciar del riesgo que entraña cocinar carne de ave tras pasarla por el grifo

Es una escena que se repite en todos y cada uno de los hogares e incluso en las cocinas más sofisticadas. Antes de cocinar un pollo, siempre se pasa bajo el grifo para posteriormente introducirlo en el horno o freírlo en la sartén. Lejos de constituir una excelente medida de prevención para incrementar los niveles de seguridad a la hora de sentarse a la mesa, lavar los productos avícolas antes de tratarlos representa un auténtico riesgo para la salud.

Según la Agencia de Normas Alimentarias del Reino Unido (Food Standards Agency, FSA), lavar el pollo el pollo antes de cocinarlo entraña el riesgo de extender la bacteria campylobacter en manos, superficies, ropa y equipamiento de cocina al salpicar el agua.

La campylobacter constituye la forma más común de intoxicación alimentaria en el Reino Unido, que afecta anualmente a unas 280.000 personas. El pollo contaminado está detrás de cuatro de cada cinco casos, según datos del FSA.

La enfermedad causada por la bacteria puede provocar vómitos y diarrea y, en sus casos más graves, síndrome del intestino irritable, síndrome de Guillain-Barré, una grave enfermedad del sistema nervioso.

«Aunque la gente tiende a seguir las prácticas recomendadas para manipular las aves, tales como lavarse las manos después de tocar el pollo crudo y asegurarse de que esté bien cocido, nuestra investigación ha encontrado que lavar el pollo crudo es también una práctica común. Por eso estamos pidiendo a la gente que deje de realizar esta práctica», declaró Catherine Brown, la directora ejecutiva de la FSA.

Campylobacter es, junto con Salmonella, una de las bacterias más implicadas en casos de toxiinfecciones alimentarias en todo el mundo. La campylobacteriosis, según la Organización Mundial de la Salud(OMS), consta como la causa bacteriana más común de gastroenteritis, cuya evolución ha ido en aumento en los últimos años, especialmente en los países desarrollados. No sólo puede causar una enfermedad grave y la muerte, sino que cuesta a la economía cientos de millones de libras al año como consecuencia de las bajas por enfermedad y la carga en el NHS (sistema de sanidad público).

Cocinar el producto bien, consiguiendo que la carne luzca blanca y el jugo también sea claro, es la mejor manera de acabar con las bacterias.

Consciente del auge de los concursos y programas culinarios, el FSA ha escrito una carta a las productoras de televisión para pedirles que no muestren a los cocineros lavando el pollo. La estadística revela que a día de hoy el 44% de la población siempre opta por limpiar los productos avícolas antes de prepararlos para su posterior consumo.

Carmen Villar Santiago 01.09.2014 | 02:21

Sanidade halla irregularidades en una de cada cinco inspecciones en negocios alimentarios De la Consellería de Sanidade no solo dependen los hospitales y los centros donde la población busca tratamiento a sus dolencias. Entre sus funciones también está la de velar por la seguridad de los alimentos que acabarán en los platos de las familias gallegas, otra forma de proteger su salud. El Sergas realizó durante el año pasado una media de un centenar de inspecciones diarias en las industrias alimentarias para asegurarse de que todo el sector, desde fabricantes, envasadores y mayoristas de almacenes, hasta la distribución, cumple, entre otros requisitos, con las condiciones de higiene y de formación del personal que se le suponen por ley y que ponen en el mercado productos «seguros».

Fruto de esta labor supervisora, que conllevó la realización de 36.500 inspecciones o auditorías solo durante 2013, la Dirección Xeral de Innovación e Xestión da Saúde Pública localizó algún tipo de irregularidad en un total de 6.165 establecimientos. Es decir, en prácticamente una de cada cinco visitas que los servicios de control de la Xunta realizan a algún negocio que forma parte de la cadena alimentaria, hallan algún elemento que no está conforme «con la legislación sanitaria que les resulta de aplicación», según explican desde la Consellería de Sanidade.

Los establecimientos donde Sanidade encuentra más peros son los comercios que venden al por menor, un total de 4.197 casos, que suponen casi el 70% del total. No obstante, la cifra debe ser matizada porque también estos locales son los más numerosos y, por tanto, los más inspeccionados. La Xunta realizó más de veinte mil visitas en este sector, que aglutina en la comunidad a más de 44.000 establecimientos, pero solo en el 10% de ellos hallaron alguna anomalía.

En el caso de los fabricantes, de los que se contabilizan más de 4.800 empresas en Galicia, se realizaron más de nueve mil inspecciones, que implicaron la localización de 1.252 casos en donde, por uno u otro motivo, se incumplía la normativa vigente, es decir, en una cuarta parte del total. Por lo que respecta a las envasadoras, los controles de Sanidade se saldaron con 205 establecimientos en el punto de mira, uno de cada cinco. En la misma proporción hallaron los inspectores aspectos que corregir en almacenes mayoristas. Por el contrario, los que parecen ajustarse más a la ley, a juicio de los casos con irregularidades detectados, son los distribuidores. Solo el 2,4% -109- debieron subsanar alguna carencia.

Pese a que se detectaron miles de establecimientos con algún aspecto no conforme a la legislación sanitaria que deben cumplir, la Xunta solo incoó el año pasado 213 expedientes sancionadores y en el mismo ejercicio -aunque pueden referirse a procedimientos abiertos antes- se impusieron 198 sanciones. Desde el departamento que dirige Mosquera resaltan que el fin de las multas «no es recaudatorio, sino coercitivo, para que las empresas subsanen las no conformidades». De ahí que no todas las irregularidades detectadas acaben en expedientes abiertos.

Además de realizar inspecciones, la Xunta toma muestras de productos para «verificar los autocontroles que hacen los operadores alimentarios y comprobar que ponen en el mercado productos seguros». Analizaron 1.221 muestras y solo en el 3% de los casos -44 en total, todas en el fabricante- encontraron algún tipo de infracción. En 18 de las muestras se detectó contaminación biótica (virus, bacterias o parásitos) y en 26, abiótica (contaminantes ambientales como mercurio, cadmio o toxinas).

Puede haber incumplimientos vinculados al producto, por analíticas no conformes con la norma. En total se detectaron 413 infracciones de este tipo, sobre todo entre comerciantes, pero también entre los propios fabricantes. Con todo, la mitad de los incumplimientos, 3.249, son infracciones operativas, relacionadas con «el día a día de la empresa», como condiciones de higiene, prácticas del personal, formación de los trabajadores o eliminación de desechos. Los minoristas son los más «cazados» con estas irregularidades -suponen el 65% del total-, seguidos por los fabricantes, con el 21%. Las infracciones de carácter estructural -que para su subsanación requieren arreglos en las instalaciones- ascendieron a 2.503, las segundas más numerosas, y otra vez los minoristas protagonizaron la mayoría -el 72 %- de los casos.

En las inspecciones se incluyen las programadas y las no previstas. Estas últimas, sobre la mitad se deben sobre todo, según la Xunta, al seguimiento de las redes de alerta, la investigación de denuncias de otras administraciones o ciudadanos, visitas de comprobación de subsanación de deficiencias, las que se realizan de forma previa al inicio de actividad de una empresa o para expedir certificados de exportación.